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***NOTA ACLARATORIA***
Esta entrevista ha sido elaborada para un trabajo académico, siendo una recopilación
de trabajos publicados en El Mundo, El País y otros diarios españoles que han entrevistado
al escritor brasileño.
A la firmante de este blog, Tinta y Acción, sólo corresponde la entradilla de este post y la
elaboración de las preguntas. Las respuestas del autor, por tanto, han sido recogidas de
los citados periódicos. Por honestidad profesional, conviene dejar clara la autoría.
Sirva, en todo caso esta entrada, para difundir el trabajo de los periodistas que
elaboraron las entrevistas reales y para conocer más sobre la personalidad de uno de
los escritores más leídos en el mundo. (Tinta y Acción)

Pocos escritores contemporáneos comparten unas credenciales tan abrumadoras como las de Paulo Coelho (Río de Janeiro, 1947). Cuenta con una veintena de libros publicados, ha sido traducido en más de 6o idiomas en más de 160 países y desde 2008 figura en el Libro Guiness de los Récords por su obra El Alquimista, el libro más traducido en el mundo (67 lenguas). Su biografía tampoco deja margen a la mediocridad. Coqueteó con el satanismo, fue tratado con electroshock durante sus períodos de internamiento en el manicomio y pese a haber nacido en el corazón de Brasil (uno de los páises con mayor índice de analfabetismo) jamás desistió en su sueño de ser escritor. A sus 62 años aquel anhelo adolescente se cumplió con creces: su pluma es hoy una de las más influyentes en el mundo entero y su nombre constituye en sí mismo una filosofía de vida.

El escritor carioca Paulo Coelho

Usted se ha consagrado como un escritor triunfal en ventas y lectores, per le ha costado mucho más meterse a la crítica en el bolsillo, ¿qué opina de aquellos que le acusan de poseer una literatura tan sencilla que roza lo vulgar?

Es curioso, porque escribir una obra complicada y oscura me llevaría sólo unas semanas. Es mucho más fácil que escribir con claridad. Lo que ocurre es que se han confundido oscuridad y complejidad con una cierta intelectualidad. Existe una élite intelectual a la que le gusta mantener la cultura alejada del pueblo. A veces me dan ganas de hacer una broma, escribir una obra bien enrevesada y compleja y publicarla con seudónimo. Es que eso es muy fácil.

También se le ha acusado de un exceso de espiritualidad en sus obras, ¿le molestan estas asociaciones?

No escribo obras espirituales, soy un peregrino que busca aventuras y las describe. Quienes defienden estas tesis lo hacen porque no oculto mis creencias. Ellos tienen miedo a aceptar esa frontera de misterio que existe, nos guste o no, y que les haga inferiores. Yo no tengo miedo a aceptar que existe algo que aún no sabemos explicar. Y eso no me humilla. Al revés, me hace ser más curioso.

Sus personajes suelen acabar encontrando la fe a través de lo paradójico, pero ese nuevo hallazgo no les impide atravesar la frontera de las contradicciones y extraer nuevas experiencias ¿En su caso, no teme que sus valores lo acaben conduciendo por la vida con cierto automatismo?

Yo soy una paradoja, por eso lo es también mi literatura. La paradoja es una tensión de mi alma, que es la del arco que se tensa y se relaja a la vez. Entiendo que hay que tener valores en la vida, pero al mismo tiempo siempre he abogado por la incoherencia, porque la vida no es estática, sino dinámica, en constante flujo y reflujo.

La reciente publicación de su biografía, El Mago, del periodista Fernando Morais, ha dejado al descubierto partes de su vida que dejarían boquiabierto al personaje más excéntrico: hasta tres experiencias homosexuales para asegurarse de que le gustaban las mujeres, ritos satánicos, un intento de suicidio con gas, coqueteos con las drogas, un atropello casi mortal en el que usted se dio a la fuga… ¿Le asusta contemplar este estado de desnudez vital?

Me da miedo mi pasado, llegué demasiado al límite de muchas cosas y más cuando arrastraba conmigo a otras personas [apagó un cigarrillo en la pierna de una de sus numerosas novias para comprpobar si realmente lo quería]. Pero hubiera acabado sabiéndose igualmente. No tenía sentido ocultarlo: es mi vida. Al fin y al cabo, salí de eso, luego vencí.

Una de las mayores aficiones del escritor carioca es el tiro con arco

Como reza el título de uno de sus libros, usted es un verdadero Guerrero de la Luz, ¿quizás por eso ni siquiera le asusta estrenar libro en tiempos de crisis? Porque con El vencedor está solo se ha lanzado a la piscina…

Esta sociedad no va a aprender nada de esta crisis económica porque las autoridades intervinieron demasiado pronto, la Bolsa tenía que haber caído y caído para encontrar otra salida… Es mi lado jesuítico: de una buena purga sales purificado; así, sólo volveremos a caer más pronto que tarde. No me preocupa el contexto para iniciar mis publicaciones.

Una de sus fórmulas para escamotear los malos augurios de la crisis ha sido poner a disposición de los lectores gran parte de su obra en la Red. Se ha convertido en uno de los pocos autores de éxito en promover con tanto salero las descargas de sus propios libros a través de Internet y aún así ha conseguido aumentar sus ventas…

Soy un pirata de mis propios libros. He tenido que sortear algunas barreras legales que me impedían la difusión de varias obras en otros idiomas. Pero yo soy un apasionado de Internet, estoy fascinado con mi blog y navego durante tres horas diarias. Las descargas gratuitas generan ventas y lectores porque al final del día la gente va a comprar tu libro, esto les estimula a leer y eso a su vez, les estimula a comprar.

Usted que es un alquimista de las emociones, que ha prodigado a los cuatro vientos que “cuando uno desea algo el universo entero conspira para que lo consiga”, ¿cree que existe un sortilegio para esquivar el sufrimiento?

Las personas que no conocen el sufrimiento no viven. El problema es cuando uno no goza en ese sufrimiento, cuando uno no asume que es una parte de nuestro aprendizaje vital.

DE LOCO A LOCO: UN ENCUENTRO CON JESÚS QUINTERO (Duración 09´58″)

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La producción “Un lugar lejano” competirá en la trigésimo primera edición del prestigioso festival cinematográfico Nuevo Cine de La Habana, que se celebrará en Cuba entre los días tres y trece de diciembre.  La película de José Ramón Novoa será la única representación venezolana que rivalice por el galardón al mejor largometraje de ficción de toda Latino América. Además de participar en este evento, el filme también se exhibirá a finales de este mes en el 25º Festival Internacional de Santa Bárbara, California, una de las más importantes puertas de entrada a la industria estadounidense.

La película venezolana competirá en la categoría oficial junto a una veintena de películas latinoamericanas que se han estrenado este año. La mayoría de los filmes a concurso proceden de Argentina y Brasil, aunque una de las favoritas, dada su relevancia internacional, es “El secreto de sus ojos”, de Juan José Campanella. 

“Un lugar lejano” es una coproducción iberoamericana, basada en la novela homónima del escritor Fernando Butazzoni, dotada de un fuerte carácter intimista con tendencia dramática. Las imágenes muestran los mejores escenarios de Caracas, Galicia (España) y la Patagonia (Argentina) aunque, al margen de la paisajística, uno de los principales puntos fuertes de esta película es la tríada de actores protagonistas: Erich Wildpret, Marcela Kloosterboer y Tristan Ulloa. El celuloide está orquestado por el afamado director uruguayo José Ramón Novoa que en esta ocasión se aleja de su estilo habitual, más arraigado a las historias urbanas sobre violencia, como “Sicario” (1994, ganadora de 27 premios internacionales) o “Garimpeiros” (1999).  (Vídeo Tráiler, duración 2:05)

En cuanto a cuestiones técnicas “Un lugar lejano” ha sido producida en formato Super 35 mm y es la primera película filmada en Venezuela con equipos y óptica Panavision. Este es uno de los factores que el jurado de Nuevo Cine de La Habana ha tenido en cuenta para seleccionar la película de Novoa, ya que en su esencia fundacional el festival propone reconocer y difundir las obras cinematográficas que contribuyen, a partir de su significación y de sus valores artísticos, al enriquecimiento y reafirmación de la identidad cultural latinoamericana y caribeña.

Fotograma de la película "Un lugar lejano", del uruguayo J. R. Novoa

La trama está basada en la historia de Julián, el personaje al que da vida Erich Wildpret, un reconocido fotógrafo de cuarenta años al que le acaban de detectar un cáncer que le sume en una encrucijada vital desoladora hasta que la visualización de una fotografía actúa como tragaluz de toda su tristeza. Descubrir si la imagen pertenece a su archivo o está aún por tomar lo conducirá a un viaje vitalista, sentimental y profundo.

Así llega a la Patagonia y conoce a María, caracterizada por la actriz argentina Marcela Kloosterboer, una joven que ha vivido allí desde que nació y que ha crecido sola desde la muerte de sus padres, acaecida durante su infancia. La difícil y extraña conexión entre los dos personajes hará avanzar la historia hacia los límites del sentimiento ya que María nunca ha tenido contacto con otros seres humanos. Se trata de una especie de Tarzán femenino, perdida en el alma de la Patagonia. En palabras de la intérprete, Marcela Kloosterboer, el encuentro con Julián permitirá a su personaje “descubrir que es mujer y aprende a relacionarse”.

Durante la presentación mundial de la película, el pasado 30 de cotubre, el protagonista, Erich Wildpret, destacó que “todo desplazamiento te invita a una reflexión y en este caso el traslado físico del personaje es también interior, de persecución de un sueño antes de morir”.

“Un lugar lejano” no sólo es una muestra de la superación personal a través de los portagonistas, profetas imperfectos que arrastran al espectador en su viaje emocional. Todos los miembros del reparto coincidieron al destacar las ventajas que supone la integración iberoamericana en materia de cultura a través, en este caso, de coproducciones cinematográficas.

En este sentido, el director, José Ramón Novoa coincidió al señalar las coproducciones como “fundamentales” para el cine iberoamericano, en especial para mejorar su distribución y acabar con la tendencia a que las películas de la zona se vean sólo en sus países de origen.

El director uruguayo José Ramón Novoa

A la espera de conocer la buena suerte de “Un lugar lejano” en el festival cubano, Novoa templa nervios ya que la experiencia le ha dado, además de un gran prestigio y una mirada propia, cuatro pre-nominaciones a los Oscar hollywoodienses; algo que siempre le ha dejado con la miel en los labios y a las puertas del reconocimiento que proporcionan los galardones.

Su pluma, parca y fantasiosa, junto a su peculiar forma de narrar, mezclando imposibles en la cotidianeidad, la han convertido en una de las mejores superventas latinas. La escritora chilena Isabel Allende empuja a sus lectores a bucear en su nueva obra,  un texto en el que deja traslucir algunas de las supersticiones y manías que le han permitido conquistar la cima de las ventas otoñales.

Si la literatura latinoamericana puede presumir de haber exportado una escritora con nombre propio ésa es sin duda Isabel Allende. Aunque tampoco cabe llevarse a engaños: su posición regia en número de ventas ha despertado más de una crítica por parte de los colegas de pluma. Algunos han insistido en verla como el esbirro femenino del escritor cubano Gabriel García Márquez. Otros han querido paragonearla con la escritora mexicana Laura Esquivel y mandarlas a ambas a hacer agua del chocolate, o lo que es lo mismo, a transformar delirios románticos en literatura. Así lo sintetizaba en su día, Antonio Muñoz Molina: “a mí no me gustan Isabel Allende o Laura Esquivel, que son epígonas de García Márquez, pero triunfan”. Lo cierto es que, con o sin críticas, Allende lleva décadas subida a la ola de la escritura y ha conseguido como pocos que cada nuevo lanzamiento albergue en su propia esencia la semilla del éxito. Buena prueba de ello es su nueva publicación, La isla bajo el mar, en la que vuelve a conjugar elementos fantasiosos e históricos a través de Zarité una esclava de Santo Domingo, protagonista de esta novela ambientada en el siglo XVIII.

Portada del último libro de I. Allende, "La isla bajo el mar"

Algunas expresiones, sencillas, aprensibles, casi mísiticas, convierten este libro en una muestra más del fabuloso trabajo de la escritora chilena. “El ritmo nace en la isla bajo el mar, sacude la tierra, me atraviesa como un relámpago y se va al cielo llevándose mis pesares.(…) [confiesa la protagonista] Los tambores vencen al miedo. Los tambores son la herencia de mi madre, la fuerza de Guinea que está en mi sangre. Nadie puede conmigo entonces, me vuelvo arrolladora como Erzuli, loa del amor, y más veloz que el látigo. (…) Baila, baila, Zarité, porque esclavo que baila es libre… mientras baila.” Y es que Isabel Allende, pese a estar en época otoñal y ser tiempo en el que las hojas -también las literarias- se marchitan en el suelo, consigue morder la curiosidad del comprador, consigue hacerle cosquillas a las ventas y colarse en la mesilla de noche de algún lector enloquecido, meterse entre las sábanas de la imaginación y enjaguar la realidad con el antiséptico novelesco, purgando así las penas de la rutina. Esta chilena gusta y ya ha conquistado los erarios imaginarios de hogares en todo el mundo, no en vano ha sido traducida en más de una veintena de idiomas. “El conflicto de culturas y la fuerza liberadora de la escritura, que asocia distanciamiento y recuerdo, están en el núcleo de us obra”, comenta Stefan Bollmann en el libro Las mujeres que escriben también son peligrosas. Y añade que “la misma Isabel, alentada por el éxito de su primer libro, se tomó a pecho el consejo que le dan a Alba, vícitma de torturas, en la Casa de los espíritus (1982): Tienes mucho que hacer, de modo que deja de compadecerte, toma agua y empieza a escribir”. Y es que la sobrina de Salvador Allende -presidente chileno antes del Golpe Militar que acabaría importando los horrores de la dictadura de Pinochet– ha sabido aunar en cada obra su propio dolor personal con el sentimiento de tierra abatida y asediada con el que sólo vive un exiliado. Isabel Allende sigue siendo, una escritora viva que despierta los oleajes del océano lieterario, que late con fortaleza bajo el mar de la imaginación.

Supersticiones y disciplina

Una de las facetas más interesantes del escritor está precisamente en su sombra, donde anidan las supersticiones, manías y rutinas de escribiente que consiguen hacer de ellos mismos un atrayente personaje. Isabel Allende no se escapa a este submundo de retranca hiperbólica y ha confesado en más de una ocasión sus rituales a la hora de enfrentarse a una nueva novela. No es baladí que todo coincida con la creación de su obra más popular, La cada de los espíritus. En 1981 recibió la noticia de que su abuelo, por el que sentía un profundo afecto, estaba en su lecho de muerte. Era un ocho de enero, de resaca navideña y renovación interior. Comenzó a escribirle una carta que acabaría convirtiéndose en el inicio de su primera novela, la ya citada casa de los espíritus de Allende. Obra que, por cierto, fue adaptada a la gran pantalla (tráiler, duración 1´ 35 segundos). Desde entonces cada ocho de enero comienza a escribir un nuevo libro. “Fue un libro muy afortunado -confiesa la autora- de modo que consideré propicia aquella fecha. Es una cuestión de superstición, pero principalmente de disciplina. En este trabajo no tienes fecha de entrega ni jefe. Tiene que imponerte la disciplina tú misma, si no nadie lo hará”. Su peúltima novela, La suma de los días (2006) deja patente la ansiedad creadora de la víspera de tan emocionante día y contradice sus confesiones ante los periodistas. “No falta drama en mi vida, me sobra material de circo para escribir, pero de todos modos llego ansiosa al 7 de enero. Anoche no pude dormir (…) Desde hace veinticinco años, siempre empiezo a escribir en esta fecha, más por superstición que por disciplina: temo que si empiezo otro día, el libro será un fracaso, y que si dejo pasar un 8 de enero sin escribir, ya no podré hacerlo en el resto del año.”    

 
 

Isabel Allende, durante el transcurso de una entrevista

En estos renglones autobiográficos, Isabel Allende parace volver a ser aquella niña estigmatizada por una infancia demasiado corta, demasiado diminuta. Y es que la escritora chilena, de niña era tan pequeña que su madre, preocupada porque no creciera lo suficiente, la llevó a un gimnasio en el que la ataban de las manos y le estiraban de los pies para intentar alargar su cuerpo. Así, sin quererlo, le alargaron la empatía y la imaginación cedió, como ceden las camisetas mojadas colgadas en el tendal. Y esa niña diminuta no necesitó crecer para mirar al mundo a los ojos porque consiguió arrastrar a los demás y que todos se pusiesen a la altura de sus creaciones.

 

 

Julio Cortázar desplegó con pasmoso dominio una narrativa original, alejada de tópicos, que volvió a poner de relieve el juego vanguardista y la experimentación creativa. El libro “El perseguidor y otros cuentos de cine” reúne algunos de sus mejores relatos que han sido inspiradores para el séptimo arte.

Julio Cortázar emula al protagonista de su relato El perseguidor

Julio Cortázar emula al protagonista de su relato “El perseguidor

Comunmente a la sombra de la magestuosidad de Rayuela, la fórmula de relatos breves de Julio Cortázar fue menos laureada, pero sedujo a un público dado a la gran pantalla que acabaría recogiendo el testigo argumental de su obra y adaptándola a varias películas. Por este motivo, la editorial RBA ha decidido reunir bajo el título El perseguidor y otros cuentos de cine cinco de los relatos que han dado lugar a obras cinematográficas que con el tiempo han conseguido meterse de lleno en la historia del séptimo arte.

La colección de cuentos la inaugura “Los buenos servicios” que en su traducción al celuloide parió el filme “Monsieur Bébé” de las manos de Claude Chabrol. Aunque probablemente nadie trasladó con tanta brillantez los desaires de la pluma de Cortázar a la pantalla como Michelangelo Antonioni, que quedó prendado de “Las babas del diablo”. Un enrevesado y delirante cuento en el que nada es lo que parece ser con el que el director italiano acabaría creando la formidable película “Blow-up”. Por su parte, el popular relato “La autopista del sur” inspiró la aparición de dos filmes: “Week-end” de Jean-Luc Godard y “El gran atasco” de Luigi Comencini. Sin embargo, el relato del que más orgulloso se sintió Cortázar fue “El perseguidor” al que el autor calificó como “una pequeña Rayuela” que le permitió adelantar la nebulosa de la novela y sus paradigmáticos escenarios. Clint Eastwood introdujo la esencia argumental de este cuento en su película “Bird”. Y es que el protagonista de “El Perseguidor” no deja indiferente a nadie, porque Johnny Carter encandila al oyente con su saxo, aunque él toque en otro tiempo y en otro espacio. En un rincón oscuro y patológico donde la locura dicta su sentencia. Y a pesar de los delirios, de que el bueno de Johnny esté enganchado a cualquier vicio, todos lo admiran y quieren sacar de él lo que nunca ha sido: una persona común y sensata. Y sus amigos temen que la locura de Johnny, tan sugenrente y magnética, los acabe atrapando en su rebufo con el consiguiente peligro, al que hacen mención en el relato: “sería como vivir sujeto a un pararrayos en plena tormenta y creer que no va a pasar nada”.  Y es que el músico Johnny Carter ha sido uno de los mejores personajes creados por Cortázar, un tipo lánguido, sumergido en una realidad tan prístina que oscure su alma y empacha sus sentidos. Más que un músico un hipnotizador que consigue con sus melodías lo que su creador, Julio Cortázar, consigue con su pluma: arrastrarnos cual polillas tras la luz por el desfiladero de su fantasía.

El escritor argentino nos legó cuentos y narraciones cargadas de giros y finales que siempre parecen morar en la desazón. Y es que el lector, una vez seducido por los idílicos paisajes, por las edulcoradas escenas costumbristas, por los maravillosos personajes, asiste al despuntar de una angustia, una mácula insalvable, imposible de disimular; y lo imprevisto aparece jadeante para desmoronar la serenidad lectora.

Julio Cortázar fotografiado ante su escritorio

Cortázar en breve

El adjetivo “breve” aplicado a Cortázar sólo puede hacer referencia a la extensión pero nunca podría ser aplicado como metría de su calidad narrativa porque el argentino dominó como nadie el terreno del minifundio literario. Y, por este motivo, para los lectores más entusiastas, a los que El perseguidor y otros cuentos de cine se les quede corto, esta semana también recomendamos otros relatos y colecciones. En Bestiario, Las armas secretas o Final del juego se recogen numerosos cuentos que también despuntan ingenio cinematográfico, además de literario. Los cuentos  “Lejana” o “Los venenos” constituyen buenos ejemplos. De este último relato se dice que es uno de los más autobiográficos de Cortázar. Desde luego, pésima curiosidad que se pretende en los lectores, puesto que lo magnífico del escrito es que realmente habla de todos, es la infancia de cualquiera, con ese descaro narrativo de un niño que se siente ya crecido, que se esfuerza en rozar el amor con sus dedos diminutos. Esa infancia cargada de belleza, que se añora cuanto más lejana la deja el tiempo (que se lo digan a Rubén Darío y aquellos versos que rezaban: Juventud divino tesoro/ ¡ya te vas para no volver!/ cuando quiero llorar no lloro/ y, a veces, lloro sin querer). La dulzura de los ambientes, el olor del escenario campestre, esa eterna primavera de los niños, conduce través de la frescura de su protagonista (esté o no el propio Cortázar tras su voz) con la misma alegre sucesión de los hechos, de las experiencias vividas por todos, reconocibles con esa gracia ingenua de su mirada. Aquella gratificante sensación de calidez que vela los párpados del lector puede traer al recuerdo de Daniel, el pequeño “Mochuelo” y protagonista de El Camino del escritor español Miguel Delibes (vídeo, 2:10), cuya gracia narrativa semeja tanto a la del personaje principal de “Los venenos”. La diferencia es apenas estética, apenas de jerga lingüística: los “cachetes” españoles suenan a “bifes” para el argentino y los insufribles tirones de pelo, tienen un toque chileno al describirse explícitamente a través del verbo “mechonear”. Pero es que Julio Cortázar era también todo eso, la conciencia de las heridas políticas de Latinoamérica, el compromiso y ese desear correr por las calles como un niño fantasioso, con las piernas tiesas, sin doblar las rodillas, alcanzando momentáneamente la maravillosa sensación de ser un pájaro que vuela a ras del suelo.